¡Sigan a Britney!: una época negra en la historia del espectáculo

Hace ya muchos años leí este artículo en un periódico cubano y nunca lo olvidaré. De alguna manera refleja el drama que la Spears sufrió en una época en que sus problemas personales dejaron de ser privados. Entonces, con depresión posparto, divorciada, adicción al alcohol y demandas de custodia sobre sus dos hijos, parecía difícil que ella pudiera salir del bache, pero nunca nadie se levantó como lo hizo Britney a finales de 2008. Sigue leyendo.

¡Sigan a Britney!

Julio Martínez MolinaJulio Martínez Molinadigital@juventudrebelde.cu
31 de Enero del 2008 0:28:35 CDT

Diversos medios informaron que Associated Press (AP, la agencia de prensa norteamericana) les ordenó a todos los miembros del personal del sur de California que estén pendientes de cualquier noticia sobre la cantante Britney Spears.

Según la televisora alternativa Democracy Now, un subjefe escribió un memorando a sus colegas que decía: «Ahora y en el futuro cercano, prácticamente cualquier cosa que involucre a Britney es un gran negocio».

Está de más decir que los reporteros hicieron caso absoluto, y los anodinos detalles sobre los problemas de Brit (así le llaman) con la custodia de los hijos, las drogas y sus berrinches de estrellita pop inundan los titulares del planeta.

El romance entre el presidente francés Nicolas Sarkozy y la cantante y modelo Carla Bruni abarrota por igual a los medios de comunicación del universo.

La «noticia» —descabellada a todas luces, dada la idiotez manifiesta de la artista— de que Paris Hilton sacó 132 puntos como promedio de inteligencia en un test (se considera como superdotado a todo aquel que supere los 130), como no cabría esperar, acaparó de igual modo las cabezas de plana días atrás.

La información, hace unos meses, que daba cuenta sobre la falsa decisión de Tania Dervaux, candidata al Senado belga, de ofrecer 40 000 felaciones a los votantes que se inscribieran en la página web del partido que representaba, asimismo constituyó otro suceso de elevado poder mediático.

En su campaña por la reelección, Silvio Berlusconi —caracterizado por sus escaramuzas eróticas— propaló, en cámara y ante 45 millones de italianos, una «abstinencia sexual» hasta los comicios, que a la larga perdiera. Aquello propició toneladas de reportes y crónicas rosas.

Cuando ya se ha probado con todo lo habido y por haber en el tema de los reality show, el canal británico Channel 4 sacó al aire uno nuevo titulado Dumped, en el cual llenan de basura una parte de Londres, para que 11 voluntarios sobrevivan durante tres semanas en un vertedero.

De toda esta basura (esta sí es verdadera) se alimentan los medios en la actualidad. Es el pan diario de un mercado periodístico dominado por las transnacionales y las corporaciones, que obnubila y tima, pasando por noticia lo que solo es chisme barato, sensacionalismo y especulación.

Los medios no acaban de relamerse los bigotes tras el festín de un show, cuando tienen otro en el candelero. El rating sube y la demanda obliga. Un espectador-lector pasivo, cuyo imaginario ha sido captado y sometido a décadas de reflejos condicionados, lo absorbe sin reparos.

Ello sucede tanto en el Norte como en el Sur, pero acá abajo es mucho más peligroso. Porque, como suscribiera el pensador alemán Hans Magnus Einsensberger, no nos convierte en analfabetos o incultos, sino en seres etimológicamente en proceso de desorientación, psicológicamente condicionados y reorientados en el sentido deseado.

«Puro producto de la industrialización, de la hegemonía cultural del norte sobre el sur, de la imposición cultural como un preludio de la invasión y el enriquecimiento de los mercados, el analfabeto secundario no es digno de lástima, la pérdida de memoria de la que adolece no le hace sufrir, su falta de perspectivas le hace las cosas fáciles».

René Naba, periodista francés de origen libanés, lo explica de este modo en un sustancioso ensayo suyo sobre los medios:

«El ciudadano activo cede el paso al consumidor pasivo, el aventurero de espíritu al devorador de televisión, el periodista al animador de entretenimiento, el dueño de prensa al capitalista, lo que implica el deslizamiento del periodismo hacia el reino del infotainement, neologismo procedente de la contracción de información y entertainment (entretenimiento en inglés).

«La globalización de los flujos de información permite así la infusión intravenosa continua de noticias de la prensa y, en consecuencia, la sedentarización profesional de la información, última etapa del analfabetismo secundario», reflexiona.

Mientras tanto, un mundo borreguil y manipulado hasta los tuétanos sigue tras las pistas de Britney.

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